Archivo para mayo, 2011
¿Crees en las promesas de Dios?
“Y el tiempo que nos llevó para venir de Cades-barnea, hasta que cruzamos el torrente de Zered, fue de treinta y ocho años; hasta que pereció toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como el SEÑOR les había jurado”
Deuteronomio 2:14 (LBLA)
La Biblia está llena de promesas. Desde la promesa de la venida de un salvador en Génesis hasta la promesa de una vida feliz en Apocalipsis, Dios nos ha brindado a través de toda su Palabra un torrente de promesas destinadas a hacernos dichosos, tanto en esta vida como en la vida venidera.
Puede haber momentos en nuestra vida en donde el cumplimiento de esas promesas pueda parecernos borroso; pruebas, exigencias, dolor, pueden cegarnos y en momentos hacernos dudar. Eso nos puede pasar a todos, y Dios lo sabe, y por eso nos da los medios (discipulado, su Palabra, las amistades) para retomar de nueva cuenta el camino de ánimo.
Pero puede suceder que en el momento de las pruebas el corazón se endurezca tanto, que llegue un momento en donde las promesas sean solamente palabras sin significado en nuestra vida. Cuando llega ese momento, haz muerto espiritualmente. Fue precisamente lo que sucedió con el pueblo israelita que salió de Egipto. Dios les había prometido y asegurado una y otra vez que ellos tomarían la tierra de Canaán y vivirían en ella; pero esos hombres, al ver la fortaleza de los pueblos que vivían en esa tierra, se desanimaron y cerraron su corazón a la promesa de Dios, y eso Dios no se los perdonó. El pueblo vagó durante casi 40 años en el desierto, hasta que toda esa generación muriera y surgiera una nueva, que creyera en su promesa y que estuviera dispuesta a reclamarla.
Cabe señalar que estos hombres eran israelitas rectos. Sobrevivieron a la matanza originada por el becerro de oro, por lo que no eran idólatras. Obedecían la ley de Moisés bajo pena de muerte. La mayoría de ellos sin duda eran personas intachables en su moralidad. Su único pecado fue no creer en las promesas de Dios.
No creer en las promesas de Dios, o no creer que Dios cumpla sus promesas, nos acaba espiritualmente. Una generación entera de hombres rectos fue destruida a causa de ello. Dios ha puesto sus promesas para que construyamos sobre ellas, para que sean nuestro cimiento, nuestro futuro, nuestro ánimo, una razón poderosa para amar a Dios. Son piezas fundamentales en la vida de un cristiano. Somos cristianos gracias a promesas cumplidas, como la resurrección en la vida de Jesús. Sin promesas de Dios, simplemente no hay cristianismo.
Si haz tenido dudas acerca de lo que Dios promete, éste es el tiempo para que se renueve tu confianza en el Dios que siempre cumple lo que promete. Observa la historia; estudia las promesas que ya han sido cumplidas, y te darás cuenta que Dios es digno de confianza.
Para reflexionar:
- ¿Cuáles son tus promesas favoritas de Dios?
- ¿Has hecho de esas promesas un cimiento visible en tu vida? ¿Se ve con hechos que crees en ellas?
- ¿Hay alguna promesa bíblica de la que tengas duda que se vaya a cumplir? ¿Qué puedes hacer para creer que un día llegará?
Bernabé
Tal fue el caso de un levita llamado José, natural de la isla de Chipre, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, (que significa: “Hijo de consolación”)
(Hechos 4:36, Dios Habla Hoy)
Me hubiera gustado conocer a Bernabé. Yo sé que un día me lo voy a encontrar en el banquete que Dios tiene preparado para nosotros, pero hubiera sido fabuloso convivir con él mientras estuvo en este mundo.
Cuando los apóstoles lo conocieron, le pusieron un nuevo nombre, uno que reflejara su personalidad y su esencia: “Hijo de consolación”. Bernabé tenía el don de proporcionar consuelo; si un hermano se sentía triste o preocupado, Bernabé podía darle el consuelo que necesitaba para que siguiera confiando en Dios. Pareciera que el consuelo mismo lo engendró y lo crió.
Bernabé era desprendido. Donó todo el dinero de la venta de un terreno para las necesidades de la naciente iglesia. ¿Cuántos hermanos, preocupados por la comida o la ropa, no habrán encontrado consuelo con ese acto de Bernabé?
Bernabé creía en las personas. El esperaba sacar lo mejor de ellas, no importa cuántos defectos tuvieran. No dejaba que los defectos de las personas nublaran su juicio. Las veía como Dios las ve: criaturas maravillosas que pueden ser usadas para la gloria de Dios. Tener a alguien así a un lado es un enorme consuelo ante la desesperanza que causa una existencia llena de defectos y errores. ¡Que grandioso experimentar un consuelo así!
Cuando Saulo, recién convertido, llegó a Jerusalén, nadie quería acercársele por miedo (Hechos 9:27-28). Pero Bernabé no se influenció por la historia de Saulo; él creyó en Saulo, en su conversión, entabló un lazo con él y lo presentó a los líderes de la iglesia. Bernabé debió ser un consuelo inmensamente grande para Saulo en esos momentos, cuando todos le huían.
Lo mismo sucedió con su pariente, Juan Marcos. Junto con Bernabé y Saulo, Marcos formó parte de un equipo misionero que salió a evangelizar Asia Menor. No sabemos si fue por el miedo, la presión o las preocupaciones, pero Marcos abandonó el viaje (Hechos 13:13), dejando solos a Bernabé y a Saulo. Tiempo después, cuando volvieron a planear otro viaje misionero, Bernabé quiso llevar a Marcos consigo de nueva cuenta (Hechos 15:37-40), a lo que Pablo se negó rotundamente. Tal vez Juan Marcos falló la primera vez, pero Bernabé creía en él, y quería darle consuelo permitiéndole volver a intentarlo. Cuando otros líderes no querían darle otra oportunidad, Bernabé estaba dispuesto a brindarla. También eso debió haber sido un gran consuelo para Marcos.
Pablo y Bernabé terminaron por separarse. No sabemos qué fue de Bernabé y Marcos en su viaje misionero, pero sí sabemos del efecto que ese consuelo tuvo en Marcos. Con el pasar del tiempo, se convirtió en el autor del evangelio más antiguo y más importante, en varios aspectos. Marcos se transformó tanto, que incluso Pablo no dudó en aceptar su ayuda y la recibió gustoso. Con el paso del tiempo, Pablo reconoció la importancia de Marcos en su vida (2 Timoteo 4:11, Filemón 24).
En un mundo que no perdona con facilidad, que discrimina por asuntos de color, nacionalidad o posición económica, que constantemente nos hace ver nuestros defectos, son indispensables personas como Bernabé, que transmitan el consuelo que Dios binda, sin manipularle ni cambiarle nada. Que vea a las personas como los seres creados que somos para que Dios se exalte.
Me hubiera gustado conocer a Bernabé. Yo sé que un día me lo voy a encontrar en el banquete que Dios tiene preparado para nosotros, pero hubiera sido fabuloso convivir con él mientras estuvo en este mundo.