Destrucción y Restauración

noviembre 10, 2010 at 1:05 pm Deja un comentario

“El día séptimo del quinto mes -era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia- Nebuzaradán, jefe de la guardia, servidor del rey de Babilonia, entró en Jerusalén, quemó el templo de Yahvé…”
(2 Reyes 25:8-9, Trad. Nácar-Colunga)

Durante la época de los reyes de Judá, el templo de Dios se había convertido en un objeto de orgullo nacional. El entusiasmo reflejado en la narración acerca de su construcción (1 Reyes 5 y 6) muestra cuan satisfechos se encontraban los israelitas con su templo.

A pesar de eso, el pueblo israelita no seguía a Dios de todo corazón. Al mismo tiempo que se oficiaban sacrificios en el templo, los israelitas adoraban a otros dioses (1 Reyes 14:23-24; 1 Reyes 15:14; 1 Reyes 22:43-44). El templo se había convertido solamente en un símbolo para el pueblo, y había perdido el propósito de ser un lugar donde la gente se comprometiera con el único Dios viviente.

El camino a la restauración fue muy doloroso. Dios destruyó a manos de los babilonios los dos principales símbolos que le daban identidad al pueblo de Israel: el templo y la ciudad de Jerusalén. De esa manera el pueblo judío se humilló y se dió cuenta de la maldad de sus acciones (Lamentaciones 2:5-7). Tener en su ciudad el templo del Dios verdadero no era suficiente: había que ser totalmente obedientes a Dios. Una vez que el pueblo judío lo entendió, Dios comienza de nueva cuenta a abrir el camino para restaurar la relación con su pueblo (Jeremías 29:12-13).

Podemos sentirnos orgullosos de los monumentos que hemos erigido y que nos dan identidad: un puesto en el liderazgo, un título, un renombre adquirido gracias a un talento. Pero esos monumentos solamente adquieren sentido si van acompañados de una entrega y una dependencia total de Dios. De otra manera, se pueden convertir en un obstáculo para nuestra fe. Si eso sucede, Dios no dudará en deshacer ese monumento.

¿Eso muestra que Dios no me ama? Todo lo contrario: Dios nos quiere proteger y quiere que dependamos exclusivamente de El. Si Dios ve algo que amenace esa dependencia, la destruirá, para que así regresemos a El en busca de fortaleza y consuelo.

  • ¿Hay algún logro en tu vida que esté tomando el lugar de Dios?
  • ¿Te has resentido con Dios por alguna humillación sufrida? Lo hizo para que aprendamos a apoyarnos sólo en El. ¿Le has buscado?

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La Brújula Dorada Cómo agradar a Dios

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