Injusticia divina

febrero 18, 2011 at 7:23 pm Deja un comentario

“¡Vive Dios, que me rehúsa justicia,
y el Omnipotente, que me ha colmado de amargura,
que, mientras en mi quede un soplo de vida
y el hálito de Dios aliente en mis narices,
jamás mis labios proferirán falsedad,
ni mi lengua musitará una mentira!”
(Job 27:2-4 Trad. Nácar Colunga)

Es imposible permanecer indiferente ante la historia de Job. Cuando ésta es conocida por primera vez, nadie puede evitar pensar cómo es posible que el cielo descargue todo su peso contra una persona como lo hizo con Job.

A lo largo del libro de Job, vemos al otrora hombre rico y poderoso,  en un ir y venir en sus pensamientos, tratando de encontrar la lógica de su sufrimiento. Satanás no logró el objetivo que buscaba, que era hacer que Job maldijera a Dios (2:5), pero sí hizo que surgieran en Job serias dudas acerca de la capacidad de Dios para mantener un orden justo en el mundo. La escritura arriba mencionada nos muestra un resumen del pensamiento de Job en esos duros momentos: un compromiso férreo con Dios de lleva una vida intachable, pero con una gran sombra de amargura por permitir tantas injusticias en su vida.

Hay muchas lecciones para la vida que podemos obtener de este libro. Una de las más valiosas es la que podemos obtener del ejemplo de Job en el momento en que dijo esas palabras: la libertad de expresarle a Dios lo que hay en nuestro interior. Muchos cristianos encontrarían censurable el decir que Dios es injusto, y prefieren obligarse a tener ideas y hablar palabras que suenan correctas, dejando a un lado lo que realmente sienten en momentos difíciles.

Dios anhela convivir con hijos que le expresen lo que realmente hay en sus corazones. En la búsqueda de la paz, Job dijo muchas cosas que pueden sonar impropias para un cristiano, pero al final fue esa comunicación con Dios lo que le permitió encontrar una respuesta. Lejos de censurarlo, Dios le mostró el camino a Job para encontrar la verdad; pero eso solamente se pudo dar a través del desahogo de lo que había en su mente y corazón.

¿Piensas que Dios te ha abandonado? ¿Que no te ama? ¿Que es injusto? ¿Que no es digno de confianza? No te lo guardes: exprésaselo. No hay enojo o amargura tan grande que no se puedan diluir en el infinito mar de su amor. Al ser expresivo con Dios estarás construyendo una intimidad más grande, y aprenderás a conocerlo mejor. Tenemos la libertad de acudir a El en la hora de la necesidad (Hebreos 4:15-16) con la certeza que encontraremos la guía que nos hace falta para volver al camino.

Para reflexionar:

  • ¿Qué te gustaría decirle a Dios en estos momentos y que has tenido miedo de decirle?

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Música para mis oídos ¿Existe Dios?

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