Fe bajo presión

enero 13, 2013 at 6:49 pm Deja un comentario

Entonces Saúl dijo: Traedme el holocausto y
las ofrendas de paz. Y él ofreció el holocausto”
(1 Samuel 13:9 LBLA)

Los israelitas estaban estrenando rey justo cuando se encontraban bajo el yugo de los filisteos, sus vecinos y odiados enemigos. El flamante rey Saúl emprende una cruzada para llevar a su pueblo a la libertad; pero antes de entrar en batalla, deben buscar el favor y la protección de Dios. Para eso, el profeta Samuel les ordena al rey y a su ejército reunirse en Gilgal dentro de siete días para presentar una ofrenda a Dios.

Al cabo de los siete días, Samuel (quien era la persona que debía presentar el holocausto) aún no llegaba. Los soldados, desesperados y desanimados, empezaron a desertar. Saúl, temeroso de quedarse sin ejército, ofrece él mismo el holocausto. Este acto solamente podía ser realizado por personas ritualmente puras y designadas por Dios para ello. Justo en el momento que Saúl ofrece el holocausto, llega Samuel y lo reprende por su necia forma de actuar.

Todos hemos experimentado, como Saúl, una situación en la que estamos bajo presión. En esas circunstancias, es muy fácil tomar decisiones equivocadas con tal de salir de la situación que nos mantiene presionados. Dichas decisiones pueden ser efectivas en el momento, pero pueden traer consecuencias después que pueden afectar nuestra relación con Dios.

La decisión de Saúl de ofrecer él mismo el holocausto reflejó dos aspectos de su carácter: 1) Su falta de confianza en Dios. Samuel no confió en la palabra de Dios dicha a través de Samuel y se desesperó al ver que el plazo de tiempo llegaba a su fin y Samuel no aparecía. 2) Su arrogancia. Saúl creyó que podía solucionar la situación por sí mismo en lugar de acudir a Dios.

Al igual que con Saúl, las decisiones que tomamos bajo presión pueden revelar fallas de nuerstro carácter. Ira, impaciencia, falta de fe, incluso conductas viciosas, afloran con faciliddad cuando estamos bajo presión. Es inevitable que esas fallas salgan; lo importante es que sepamos identificarlas para trabajar en erradicarlas de nuestra vida. Fue en este punto donde Saúl falló. Su arrogancia se volvió un patrón característico a lo largo de su vida; patrón que lo condujo a perder el favor de Dios, su reino y su vida. Aprovechemos cada oportunidad que Dios nos brinda para cambiar y renovarnos, deshaciéndonos de las impurezas que nos impiden tomar decisiones espirituales.

Para reflexionar:
– ¿Cómo reaccionas cuando estás bajo presión?
– ¿Acostumbras pedir la dirección de Dios en esas situaciones?

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