Posts tagged ‘humildad’

Cinco maneras de perder tu ministerio.

Esta es una traducción de un artículo titulado “5 Ways to Lose Your Ministry” elaborado por Eric Geiger (traducido y publicado con su permiso).

Es profundamente trágico cuando los líderes de ministerio pierden sus ministerios, cuando el pecado los deja fuera del camino por un tiempo. No solamente es doloroso para el líder, sino también para la gente que ha sido impactada e influenciada por medio de su liderazgo. Debido a que el pecado constantemente golpea a nuestra puerta y debido a que Satanás anda como león rugiente buscando a quien devorar, no debemos sorprendernos cuando los grandes líderes se derrumban. Debemos afligirnos, orar por ellos y amarlos, pero nunca creernos mejores que ellos. De hecho, aquí hay 5 maneras en las que nosotros podemos perder nuestros ministerios:

1. Creer en ti mismo.

Si quieres perder tu ministerio, cree en ti mismo. Cuando alguien tropieza, lucha o cae y tú piensas “Eso nunca me va a pasar a mí”, estás depositando tu confianza en el lugar equivocado. Si tú crees en tu habilidad para mantenerte fuerte, estás parado en un terreno muy inestable. Creer en ti mismo es una clara señal de orgullo que lleva a la destrucción. Si David, que escribió muchos de los salmos, pudo desmoronarse – cualquiera de nosotros puede. Si Salomón, el hombre más sabio que jamás ha vivido, pudo terminar su ministerio adorando ídolos, seguramente nosotros somos susceptibles de convertirnos en idólatras. Si Pedro, a quien Dios usó para llevar el evangelio a los gentiles, pudo rechazar neciamente a los creyentes gentiles, entonces seguramente nuestras vidas se pueden apartar de nuestra doctrina.

2. Aíslate a ti mismo.

Si quieres perder tu ministerio, aíslate a ti mismo. Después de todo, “nadie te entiende y nadie sabe la presión que enfrentas”. Debemos recordar que antes de que el rey David cometiera adulterio y asesinato, se aisló a si mismo. Dietrich Bonhoeffer escribió: “El pecado demanda tener un hombre solo”, y un líder puede estar solitario en medio de otros si el líder no busca o recibe consejería ó corrección de líderes sabios. Si tú solamente te rodeas de personas que aprueban todo lo que haces, en realidad te estás aislando mientras das la impresión de vivir en comunidad.

3. Coloca “el ministerio” por encima de tu familia.

Si quieres perder tu ministerio, sé negligente con tu familia. La reunión más importante es aquella que se celebra en tu casa. El grupo más importante en tu ministerio es aquel que vive bajo tu propio techo. Si tú colocas “el ministerio” por encima de tu familia, tu familia se endurecerá al ministerio y no establecerás un buen y piadoso ejemplo. De acuerdo a Jonathan Edwards, “cada familia cristiana debería ser una pequeña iglesia”. El afirmó:

Cada familia cristiana debería ser como si fuera una pequeña iglesia, consagrada a Cristo, y totalmente influenciada y gobernada por sus reglas. Y la educación familiar y el orden son algunos de los principales medios de gracia. Si éstos fallan, todos los otros medios seguramente serán inefectivos. Si éstos se mantienen debidamente, todos los medios de gracia prosperarán y serán exitosos.

Cada familia debe ser una pequeña iglesia, y tu pequeña iglesia no debe ser despilfarrada por perseguir un “ministerio exitoso”.

4. Predica arrepentimiento para todos los demás.

Si quieres perder tu ministerio, deja de arrepentirte. Si quieres perder tu ministerio, cree que los mensajes que anuncias son para todos y no para ti mismo.

5. Usa a las personas para construir tu ministerio.

Si quieres perder tu ministerio, usa a las personas para construir tu propio reino y tus propios objetivos. El liderazgo que es Cristiano por naturaleza es exactamente lo opuesto. Los líderes piadosos usan el ministerio para hacer crecer a las personas, no a las personas para hacer crecer sus objetivos. Ellos creen y actúan sobre la base de que las personas son portadoras de la imagen de Dios, hijos e hijas del Rey, y santos sacerdotes dotados por Dios.

Existe una mejor alternativa. En vez de creer en ti mismo, conoce tus debilidades y regocíjate en la gracia que Dios te da. En vez de aislarte a ti mismo, lánzate y sumérgete por completo en el desorden y la belleza de la comunidad Cristiana. En vez de poner “el ministerio” por encima de tu familia, ministra a tu familia. En vez de predicar arrepentimiento para los demás, primero predícate arrepentimiento a ti mismo. Y en vez de usar a las personas para construir su ministerio, usa el ministerio para formar y servir a las personas.

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agosto 19, 2016 at 12:20 pm Deja un comentario

Valor para conocer a Dios

“Yo te ruego, Dios mío, que no te enojes conmigo, pero solo
insistiré una vez más. ¿Y qué tal si solo se encuentran diez?”

Génesis 18:32 (TLA)

Dios le reveló a Abraham los planes que El tenía para las ciudades de Sodoma y Gomorra. Debido a sus pecados, sus habitantes (así como las ciudades mismas) serían destruidos.

Sabedor del hecho que su sobrino Lot habitaba en Sodoma, Abraham intercede por las ciudades. Comienza preguntando si con 50 justos viviendo en esas ciudades sería capaz de destruirlas, para luego repetir la misma pregunta varias veces con un número cada vez menor de justos. En todos los casos, la respuesta de Dios es la misma: el no destruirá las ciudades si hubiese personas justas viviendo en ellas.

Para Abraham no fue sencillo hacerle estas preguntas a Dios. En al menos cuatro ocasiones Abraham manifestó su temor a Dios de expresar sus dudas. A veces, los seres humanos que se creen superiores a otros, se molestan cuando se les inoportuna de esta manera. Abraham tal vez pensó que Dios reaccionaría de la misma manera. El tuvo que echar mano de una buena dosis de valor para tener esta conversación con Dios. Para su consuelo, Dios estuvo acccesible y abierto a responder cualquiera de sus dudas.

¿De dónde sacó Abraham el valor para vencer sus miedos? De un deseo muy fuerte de conocer a fondo la naturaleza de Dios. Con cada pregunta que él le hacía se mostraba más claramente la misericordia y la justicia de Dios. La recompensa de Abraham, al final de la charla, fue que la relación entre Abraham y Dios se volvió más íntima que nunca, además de que Abraham conoció una dimensión nueva de la persona de Dios: El es un Dios accesible, justo y misericordioso.

A primera vista podría parecer sencillo mantener viva una relación con Dios, pero la realidad es que requiere mucho valor. Requiere valor para morir a nosotros mismos y mantenernos en nuestra búsqueda de Dios; requiere valor para estar dispuesto a renunciar a nuestra naturaleza y enfrentarnos a la realidad de que necesitamos de Dios. Abraham tuvo que morir a su naturaleza miedosa para adentrarse en la mente de Dios.

Además, se requiere de valor para lidiar con lo que nos vamos a encontrar. Al mismo tiempo que nos adentramos en el corazón y la mente de Dios y le vamos conociendo, nuestra propia humanidad va quedando expuesta. No nos gusta el contraste entre nuestro pecado y su pureza; le sacamos la vuelta a nuestra dureza de corazón cuando contrasta con su amor. Nos hace sentir mal ver nuestro orgullo y altivez en contraste con su misericordia. Hace falta valor para reconocer nuestra incapacidad de poder hacer algo por mejorar nuestra vida y aceptar nuestra dependencia de Dios.

Todo cristiano que en realidad tenga un deseo sincero de amar a Dios también sentirá un temor santo al adentrarse en el conocimiento de su persona. Inevitablemente hemos de sentirnos confrontados al conocer el carácter de Dios. Pero, si nos armamos del valor necesario para adentrarnos en el conocimiento de nuestro Dios, podremos disfrutar de las mismas recompensas que disfrutó Abraham: una intimidad profunda con Dios, una visión más completa de cómo es El, y una mayor confianza en El.

 

Para reflexionar:

  • ¿Hay temor de morir a tí mismo para buscar a Dios? ¿Hay conformidad o comodidad en tu relación con Dios?
  • ¿Hay algún área de la persona de Dios que te confronta y no quieres conocer?

abril 6, 2014 at 6:35 pm 1 comentario

10 maneras en que los miembros de la Iglesia le fallan a sus pastores (8 de 10)

Esta es una traducción de un artículo titulado “10 ways church people fail their pastor” elaborado por el Dr. Joe McKeever (traducido con su permiso).

8. Los miembros de la iglesia le fallan a sus ministros cuando murmuran.

La palabra murmurar no es una palabra que usamos continuamente el día de hoy, pero ciertamente es una palabra que parece muy seguido en la vieja y maravillosa Biblia Reina Valera. Cuando Moisés estaba dirigiendo a Israel desde Egipto hasta Canaán, murmurar era el pasatiempo por excelencia de los israelitas. Quiere decir, desde luego, simplemente quejarse o criticar.

La palabra murmurar tiene su origen en el sonido que un grupo de personas hace cuando andan por ahí quejándose: “Mumble, mumble, queja, queja, queja”.

Justo después de que Israel cruzara el Mar Rojo, habiendo experimentado uno de los más grandes milagros jamás registrados, podemos leer: “Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? ” (Exodo 15:23-24)

Siguiente capítulo, “Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto” (Exodo 16:2)

Yo he caminado ese camino algunas veces. Nada enfurece más a los miembros de la iglesia que se creen importantes que la sugerencia de que su critica al predicador es en realidad una rebelión ante Dios. He escuchado de todo. “¿Quien se cree que es el? No es Moisés llegando justo del Sinaí con planchas de oro.”

No, definitivamente no es, pero déjame decirte una cosa. Si el pastor es piadoso, no utilizará a su favor el hecho de que él es el hombre que Dios ha elegido. Pero si es mundano, estará más dispuesto a hacer su imitación de Moisés y asegurar que él es el hombre de Dios, y que tú estás entrometiendote en el camino del Todopoderoso.

Pero esto se trata de ti, miembro de la iglesia. Un día tú estás delante de Dios. Es mejor estar seguro y haber sido una persona fiel y que apoya a aquellos enviados por el Señor como tus pastores y supervisores (ve Hechos 20:28), en vez de hacer sus vidas miserables con tus incesantes quejas.

agosto 9, 2012 at 4:22 pm Deja un comentario

10 maneras en que los miembros de la Iglesia le fallan a sus pastores (3 de 10)

Esta es una traducción de un artículo titulado “10 ways church people fail their pastor” elaborado por el Dr. Joe McKeever (traducido con su permiso).

3. Los miembros de la iglesia le fallan a sus ministros cuando les imponen estándares de perfección.

Yo moderaba una reunión de asuntos relacionados con la iglesia, cuando miembros de la congregación se alzaron para decir cómo el pastor les había fallado en ocasiones. “Mamá estaba en el hospital y nunca fue a visitarla.” “Yo necesitaba consejería y él nunca estuvo disponible.” “El no me saludó en el vestíbulo.”

Al escuchar esa triste letanía, se me ocurrió que la relación entre el pastor y la iglesia es muy similar al matrimonio. Después de algunos años, cada uno tiene motivos para divorciarse. Si estuvieran tratando de convencer al juez para que otorgue una sentencia de divorcio, cada esposo o esposa podría presentar suficientes desaires o humillaciones, actos egoístas y palabras hirientes, para elaborar un caso.

Sucede igual con la iglesia.

Aún así, yo he conocido miembros de la iglesia que esperan –más bien demandan– que el pastor nunca de los nuncas les falle cuando ellos le necesitan. Esos miembros han dirigido en la iglesia, han diezmado por mucho tiempo, han dado regalos al pastor, y ahora el pastor está en deuda con ellos.

Los jóvenes ministros deben ser advertidos en repetidas ocasiones que solamente porque alguien es miembro de la iglesia y ocupe un lugar de prominencia en ella, no quiere decir que sea maduro o piadoso. Algunos pueden ser prepotentes, chismosos y egoístas.

El pastor que se encuentra rodeado a sí mismo por un grupo de líderes que son moldeados según Cristo, y que son maduros, debe de considerarse muy bendecido, y decirle a su grupo cuánto bendice a Dios por causa de ellos.

 

julio 11, 2012 at 5:22 pm Deja un comentario

Introducción a las 7 Bienaventuranzas

En días pasados tuve la oportunidad de impartir una serie de prédicas basadas en el libro de Apocalipsis. A lo largo de este libro se encuentran esparcidas siete bienaventuranzas que Cristo nos ha prometido, y que los creyentes podemos y debemos aspirar a alcanzar.

Como acertadamente menciona un comentarista bíblico, Apocalipsis “se ha convertido en el terreno reservado de los exéntricos religiosos”. Debido a las dificultades que presenta su lectura y su interpretación, muchos cristianos dejan de lado la lectura de ese libro con propósitos devocionales, siendo usado solamente por aquellos que gustan de predecir el rumbo futuro de las cosas.

No podemos dejar de lado el hecho que Apocalipsis es notoriamente difícil. Sus claves, imágenes y símbolos suenan bastante extraños en nuestro mundo moderno. Sin embargo, al igual que el resto de la Biblia, Apocalipsis es palabra inspirada por Dios, y merece el esfuerzo de tratar de entender el mensaje que quiere transmitirnos.

Una buena manera para empezar a conocer Apocalipsis es el estudio de las siete bienaventuranzas. Al estudiar cada bienaventuranza, ligamos diferentes partes del libro en un tema único que nos ayudan a obtener una visión general breve, pero muy útil, del mensaje completo del libro. El estudio no estará exento de dificultades; a final de cuentas, las bienaventuranzas están en el corazón mismo del Apocalipsis, y habrá que lidiar con las dificultades inherentes a su naturaleza. Apocalipsis no es un libro para perezosos: requiere mucho estudio, mucho discernimiento, mucha humildad y, sobre todo, mucha oración.

En los próximos días voy a estar publicando las siete bienaventuranzas usando el formato de los devocionales presentados con anterioridad. En unas breves líneas, extraeremos el mensaje y la promesa de cada bienaventuranza. Yo no pretendo hacerme pasar por un experto en Apocalipsis, y he hecho mi mejor esfuerzo para mantenerme alejado de las excentricidades y las polémicas que tan mala fama le han dado a este libro. Lo que les ofrezco es un trabajo hecho con un deseo sincero de extraer de Apocalipsis la enseñanza que nos ayude a ser cristianos felices, comprometidos y con la mirada, la mente y el corazón apuntando al cielo.

noviembre 3, 2011 at 11:55 pm Deja un comentario

La Verdadera Prueba

“Después de la muerte de Joyada comenzaron los príncipes a adular al rey, y éste los escuchó, y dejando la casa de Yahvé, Dios de sus padres, sirvieron a las aseras y a los ídolos; y vino la ira de Dios sobre Judá y sobre Jerusalén, porque se habían hecho culpables.”
(2 Crónicas 24:17-18, Trad. Nácar-Colunga)

Mucha gente piensa que los momentos más difíciles, espiritualmente hablando, son cuando estamos en un período de sufrimiento. Aunque es cierto que el sufrimiento puede hacer que algunas personas dejen de creer o de amar a Dios, muchas veces tiene el efecto contrario: Es en los momentos más difíciles de nuestra vida cuando nos aferramos más a Dios. Oramos más y de manera más sincera, somos cuidadosos con nuestro estilo de vida y nos volvemos muy críticos y atentos de nuestras debilidades.

Aunque un perído de sufrimiento puede deteriorar una relación con Dios, su capacidad de destrucción no se compara con la de los períodos de gloria personal. A los seres humanos nos gusta que nuestro ego sea alimentado, y cuando las personas que nos rodean empiezan a halagarnos, a decirnos cosas que nos gustan, a exaltarnos, estamos en un serio peligro.

El rey Joás fue fiel a Dios mientras el sumo sacerdote Joyada estuvo a su lado para aconsejarlo. A través de los labios de Joyada el rey escuchaba lo que necesitaba oir para caminar fiel a Dios, aunque le resultara desagradable. Pero una vez que el sacerdote murió, Joás cometió el error de escuchar las alabanzas de los jefes de su nación. Eso causó que empezara a pensar más de sí mismo de lo que realmente era, hasta que creyó que podía dirigir una nación sin Dios. El resultado fue un desastre no sólo para él, sino para todos sus gobernados. Joás no soportó la prueba de las adulaciones.

¿Son malos los halagos? No lo son en sí mismos. Muchas veces los necesitamos para fortalecernos en un momento difícil. Lo malo ocurre cuando debido a los halagos creemos que hacemos todo bien, y empezamos a bajar la guardia en vigilar nuestro estilo de vida. Escuchamos halagos acerca de lo bien que hacemos el trabajo, de nuestra belleza física, de nuestra inteligencia, de nuestra capacidad de liderazgo, de nuestros logros, y empezamos a pensar más de nosotros mismos, y permitimos que el pecado se infiltre de manera silenciosa pero constante. La verdadera prueba para el cristiano son los momentos de gloria personal.

¿Cómo evitar cometer el error que cometió Joás? Pablo nos da la solución: teniendo la misma actitud que tuvo Cristo en todo momento (Filipenses 2:5-8), con una sana perspectiva de quiénes somos realmente a los ojos de Dios.

 

Para reflexionar:

  • ¿Cuál es tu concepto de tí mismo? ¿Es como Dios te ve o como tú te quisieras ver?

noviembre 25, 2010 at 9:47 am Deja un comentario

“¿Quién soy yo?”

“y el Rey David fue a ponerse ante Yahvé y dijo:  ‘¿Quién soy yo, Yahvé Dios, y qué es mi casa para que tú me hayas traido adonde estoy?’ “
(1 Crónicas 17:16 Trad. Nácar-Colunga)

David es conocido como el hombre conforme al corazón de Dios, y cuando leemos este pasaje es fácil darse cuenta por qué.

Unos cuantos versículos atrás, Dios hace una reseña de cómo ayudó a David a ponerse al frente de la nación israelita. En todos los sentidos, David era el último de su familia; ni su padre ni sus hermanos lo tomaban en serio (1 Sanuel 16:11, 17:28), tal vez por su juventud o por su apariencia delicada. Pero Dios confió en él y le apoyó en todo lo que hizo (1 Cr. 17:7-8), hasta que alcanzó todo lo que un hombre puede desear: poder, fama, riquezas, carisma.

A pesar de todo eso, David no se dejaba llevar por todo lo que había alcanzado. El no olvidó de dónde Dios lo sacó, de tal manera que cuando Dios le mostró su suerte, David se postró ante El y expresó su sentir: yo no soy nadie para recibir esas bendiciones. Esa forma de pensar no eran meras palabras. David usó los talentos que Dios le había dado para dirigir y juzgar a su pueblo con sabiduría y justicia (1 Cr. 18:14). Cuando David se desviaba, y usaba los regalos de Dios para propósitos personales y egoístas, significaba la ruina para él y para su pueblo (2 Samuel 12:7-12, 24:10-16).

¿Cuál debe ser nuestra manera de pensar frente a las bendiciones de Dios? La misma que tuvo David: acordarnos de dónde Dios nos trajo (Efesios 2:1-3) y sentirnos felices e inmerecedores de ser los receptores de tales bendiciones. Una muestra de que hemos adoptado esa forma de pensar es cuando ponemos esas bendiciones al servicio de los demás, reconociendo que no son para uso personal, sino para que haya un crecimiento apoyado entre todos nosotros.

 

Para reflexionar:

  • ¿Qué bendición puedes disponer el día de hoy para ayudar a otros?

noviembre 15, 2010 at 11:58 am Deja un comentario

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