Posts tagged ‘promesas’

El peligro de la apatía

“Sin embargo, la tribu de Benjamín no logró expulsar a los jebuseos, quienes vivían en Jerusalén. Por eso, hasta el día de hoy, los jebuseos viven en Jerusalén junto con el pueblo de Benjamín”
Jueces 1:21 (Nueva Traducción Viviente)

El libro de Jueces narra la historia del pueblo de Israel desde la muerte de Josué hasta antes de la época de los reyes. Mientras Josué estuvo al frente, Israel había conquistado parte de la tierra de Canaán y aniquilado a sus pueblos. Antes de morir, Josué fue muy enfático al mencionar que ninguna nación que habitaba en Canaán debía convivir con los israelitas, sino que debían ser expulsados (Josue 23:5-7). Josué esperaba que las cosas siguieran por el mismo camino después de su muerte.

Pero los primeros capítulos de Jueces nos narran algo muy distinto: por alguna razón, las tribus de Israel no pudieron expulsar a los habitantes. El capítulo 1 nos da un breve recuento tribu por tribu de cómo fracasaron en conquistar la tierra, y tuvieron que compartirla con las naciones paganas que ahí vivían.

 ¿Por qué no pudieron someter a las naciones paganas? Los israelitas podían dar varias razones: eran gente bien armada (Jueces 1:19) y muy determinada (Jueces 1:27), y era difícil derrotarlos. Pero la verdadera razón de su fracaso fue su falta de fe. Dios mismo les había prometido que El iba a expulsar a las naciones paganas (Josue 23:5); los israelitas no le creyeron a Dios, y se intimidaron ante los pueblos que tenían enfrente.

Al final, se volvieron apáticos, y se conformaron con convivir junto con esos pueblos. Hicieron pactos con algunos y sometieron a otros. Lo malo de todo esto es que ese no era el plan original de Dios; El se molestó con su actitud, y Dios mismo les hizo saber su destino al no mostrar interés en seguir su plan: esas naciones serían su perdición (Jueces 2:1-3).

Puede haber ocasiones en que un cristiano pueda sentir que le falta fe. Pero se vuelve un peligro cuando esa falta de fe le abre la puerta a la apatía. La apatía hace que nos conformemos con la situación actual de nuestra vida. No nos esforzamos por renovarnos (Efesios 4:24), por sacar el pecado que nos estorba (Hebreos 12:1) y hacemos pactos de convivencia con el pecado que habita nuestro corazón. No nos esforzamos por conquistarlo para Cristo.

Dios nos ha dado todo lo necesario para una vida cristiana satisfactoria (2 Pedro 1:3); si creemos en esa promesa, tendremos el aliento y la motivación para conquistar día con día esos aspectos de la naturaleza humana que nos dominan y ofrecer a Dios un corazón dominado por su Espíritu.

Para reflexionar:

  • ¿Sientes que ya no peleas igual que antes por cambiar?
  • ¿Cómo puedes quitar la apatía de tu vida y volver a motivarte a renovarte para Dios?
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mayo 6, 2012 at 10:44 pm Deja un comentario

La primera bienaventuranza

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la dio a conocer, enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, el cual dio testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todo lo que vio. Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas que están escritas en ella, porque el tiempo está cerca.
Apocalipsis 1:1-3  (LBLA)

Aquí tememos la primera de siete bienaventuranzas que contiene Apocalipsis. Los primeros tres versículos de este libro nos hablan acerca de la naturaleza del mismo:

– Es una revelación de Jesucristo. Apocalipsis nos revela cosas acerca de Jesús que el mismo decidió revelarnos. No es fruto del razonamiento o de la imaginación humana. Si Jesús no hubiera tomado la decisión de revelarse a sí mismo, nunca hubiéramos conocido al Jesús del futuro, y tendríamos una visión incompleta de la persona de nuestro salvador.

– Es una revelación de cosas que van a suceder. Este libro hace un fuerte énfasis en que los hechos que relata están por ocurrir. Para los cristianos, siempre existe el peligro de dejarse envolver por el mundo y dedicar más tiempo a suplir las necesidades terrenales que construir nuestro futuro en la morada celestial. Apocalipsis es un recordatorio de que el tiempo del cual disponemos es corto, y no podemos ser negligentes con nuestra salvación.

Además de todo esto, Apocalipsis contiene varias bienaventuranzas que están al alcance del creyente. La primera bienaventuranza está reservada para aquellos que leen y oyen esta profecía. Para alcanzar la dicha que Dios nos tiene preparada, primero hay que estar dispuestos a leer y a escuchar lo que contiene esta profecía.

Apocalipsis esta llena de llamados: a los cristianos que son fieles los llama a que permanezcan así, sin importar las dificultades. A los que son descuidados los llama a abrir los ojos, a despertar y a tener cuidado. El guardar estas advertencias es una manera de decirle a Dios que tenemos fe en El y que estamos dispuestos a mantener esa fe hasta el final.

Sabemos que el libro de Apocalipsis no es un libro sencillo de leer; no podemos hacernos ciegos ante las dificultades que tiene. Es un libro que requiere mucha meditación, mucha investigación y mucha prudencia, pero no por eso vamos a dejar de estudiarlo: más bien debemos esforzarnos para buscar captar las cosas de la manera mas clara posible. De eso depende que seamos bienaventurados.

Para reflexionar:

  • ¿Haces un esfuerzo sincero por estudiar y aplicar la voluntad de Dios expresada en la Biblia?
  • ¿Estás preparado para el momento en que Jesús regrese?

noviembre 14, 2011 at 10:44 am Deja un comentario

¿Crees en las promesas de Dios?

“Y el tiempo que nos llevó para venir de Cades-barnea, hasta que cruzamos el torrente de Zered, fue de treinta y ocho años; hasta que pereció toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como el SEÑOR les había jurado”
Deuteronomio 2:14 (LBLA)

La Biblia está llena de promesas. Desde la promesa de la venida de un salvador en Génesis hasta la promesa de una vida feliz en Apocalipsis, Dios nos ha brindado a través de toda su Palabra un torrente de promesas destinadas a hacernos dichosos, tanto en esta vida como en la vida venidera.

Puede haber momentos en nuestra vida en donde el cumplimiento de esas promesas pueda parecernos borroso; pruebas, exigencias, dolor, pueden cegarnos y en momentos hacernos dudar. Eso nos puede pasar a todos, y Dios lo sabe, y por eso nos da los medios (discipulado, su Palabra, las amistades) para retomar de nueva cuenta el camino de ánimo.

Pero puede suceder que en el momento de las pruebas el corazón se endurezca tanto, que llegue un momento en donde las promesas sean solamente palabras sin significado en nuestra vida. Cuando llega ese momento, haz muerto espiritualmente. Fue precisamente lo que sucedió con el pueblo israelita que salió de Egipto. Dios les había prometido y asegurado una y otra vez que ellos tomarían la tierra de Canaán y vivirían en ella; pero esos hombres, al ver la fortaleza de los pueblos que vivían en esa tierra, se desanimaron y cerraron su corazón a la promesa de Dios, y eso Dios no se los perdonó. El pueblo vagó durante casi 40 años en el desierto, hasta que toda esa generación muriera y surgiera una nueva, que creyera en su promesa y que estuviera dispuesta a reclamarla.

Cabe señalar que estos hombres eran israelitas rectos. Sobrevivieron a la matanza originada por el becerro de oro, por lo que no eran idólatras. Obedecían la ley de Moisés bajo pena de muerte. La mayoría de ellos sin duda eran personas intachables en su moralidad. Su único pecado fue no creer en las promesas de Dios.

No creer en las promesas de Dios, o no creer que Dios cumpla sus promesas, nos acaba espiritualmente. Una generación entera de hombres rectos fue destruida a causa de ello. Dios ha puesto sus promesas para que construyamos sobre ellas, para que sean nuestro cimiento, nuestro futuro, nuestro ánimo, una razón poderosa para amar a Dios. Son piezas fundamentales en la vida de un cristiano. Somos cristianos gracias a promesas cumplidas, como la resurrección en la vida de Jesús. Sin promesas de Dios, simplemente no hay cristianismo.

Si haz tenido dudas acerca de lo que Dios promete, éste es el tiempo para que se renueve tu confianza en el Dios que siempre cumple lo que promete. Observa la historia; estudia las promesas que ya han sido cumplidas, y te darás cuenta que Dios es digno de confianza.

Para reflexionar:

  •   ¿Cuáles son tus promesas favoritas de Dios?
  •   ¿Has hecho de esas promesas un cimiento visible en tu vida? ¿Se ve con hechos que crees en ellas?
  •  ¿Hay alguna promesa bíblica de la que tengas duda que se vaya a cumplir? ¿Qué puedes hacer para creer que un día llegará?

mayo 27, 2011 at 10:31 am Deja un comentario


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