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Nuestra visita a Saltillo

“En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros”
(Juan 13:35 NBLH)

El fin de semana pasado mi familia y yo tuvimos el gran privilegio de acompañar a los hermanos que integran la iglesia en la ciudad de Saltillo, Coah. Para mí, hablar de la iglesia en Saltillo es algo que mueve fibras muy sensibles de mi corazón, ya que mi esposa y yo tuvimos la dicha de pastorear por un tiempo esa iglesia; tiempo en el cual viví muchos de los momentos más felices (y también los más difíciles) de mi vida cristiana. Hicimos grandes amistades que, a pesar de la distancia y el tiempo, aún conservamos. Mi hija mayor nació en esa ciudad al final de nuestra estancia en esa ciudad. Por estas y otras muchas razones la iglesia es, emocionalmente hablando, muy significativa para mí.

Llegamos el sábado en la tarde y nos instalamos en el cuarto de hotel. Después de comer algo en el restaurante, y gozando de una magnífica vista de la ciudad, hice los últimos ajustes a la clase que iba a impartir el día siguiente. Ya caída la noche, fuimos a pasear a la Alameda: un lugar precioso y familiar donde mi esposa y yo tuvimos oportunidad de convivir como familia. Poco después nos vimos con un par de grandes amigos y fieles hermanos, Alex y Doris, y aprovechamos para ir a cenar a un lugar cerca de ahí, en el centro de la ciudad. Tuvimos una charla muy amena, en donde nos pusimos al día en nuestras vidas. También platicamos de nuestra espiritualidad, y de cómo poder aprender a estar más cerca de Dios en los momentos difíciles.

A la mañana siguiente nos dirigimos al salón donde se reúne la iglesia. Hablé acerca del papel que desempeña la iglesia dentro del plan de salvación de Dios basada en Efesios 3. Fue una clase que ya anteriormente había impartido en Monterrey, pero también quise que mis hermanos en Saltillo escucharan. La iglesia ha pasado por algunas dificultades últimamente, y para poder superarlas es muy importante que todos conozcamos el plan de Dios con respecto a la iglesia. De esa manera podremos transmitir con más fidelidad la sabiduría de Dios a las personas que nos rodean.

Al final del servicio hubo un convivio organizado por los mismos hermanos de la iglesia. Cada hermano llevó un platillo para compartir y todos comimos muy rico y con una sobremesa muy amena. Fueron momentos de mucha alegría y nostalgia de convivir con nuestros viejos amigos, y de gozo al conocer a los nuevos hermanos. Después de la convivencia Pedro y Dolores (un matrimonio recién llegado a la ciudad) nos hicieron el favor de llevarnos a tomar el autobús de regreso a Monterrey. Regresamos sintiéndonos muy amados por la iglesia y por Dios.

No todo fue color de rosa. Nuestra hija más pequeña regresó con mucha tos y fiebre (la jornada dominical terminó en la sala de urgencias del hospital), nos topamos con personas abusivas cuando necesitábamos algún servicio, y alguien había roto la tubería que conecta al medidor del agua de nuestra casa. Al final, el domingo en la noche, mi esposa me preguntó: “¿Crees en el diablo?” Así como Dios trabaja, el diablo también lo hace. No sabe que ya tiene la derrota asegurada (Heb. 2:14).

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noviembre 17, 2012 at 10:43 pm Deja un comentario

Injusticia divina

“¡Vive Dios, que me rehúsa justicia,
y el Omnipotente, que me ha colmado de amargura,
que, mientras en mi quede un soplo de vida
y el hálito de Dios aliente en mis narices,
jamás mis labios proferirán falsedad,
ni mi lengua musitará una mentira!”
(Job 27:2-4 Trad. Nácar Colunga)

Es imposible permanecer indiferente ante la historia de Job. Cuando ésta es conocida por primera vez, nadie puede evitar pensar cómo es posible que el cielo descargue todo su peso contra una persona como lo hizo con Job.

A lo largo del libro de Job, vemos al otrora hombre rico y poderoso,  en un ir y venir en sus pensamientos, tratando de encontrar la lógica de su sufrimiento. Satanás no logró el objetivo que buscaba, que era hacer que Job maldijera a Dios (2:5), pero sí hizo que surgieran en Job serias dudas acerca de la capacidad de Dios para mantener un orden justo en el mundo. La escritura arriba mencionada nos muestra un resumen del pensamiento de Job en esos duros momentos: un compromiso férreo con Dios de lleva una vida intachable, pero con una gran sombra de amargura por permitir tantas injusticias en su vida.

Hay muchas lecciones para la vida que podemos obtener de este libro. Una de las más valiosas es la que podemos obtener del ejemplo de Job en el momento en que dijo esas palabras: la libertad de expresarle a Dios lo que hay en nuestro interior. Muchos cristianos encontrarían censurable el decir que Dios es injusto, y prefieren obligarse a tener ideas y hablar palabras que suenan correctas, dejando a un lado lo que realmente sienten en momentos difíciles.

Dios anhela convivir con hijos que le expresen lo que realmente hay en sus corazones. En la búsqueda de la paz, Job dijo muchas cosas que pueden sonar impropias para un cristiano, pero al final fue esa comunicación con Dios lo que le permitió encontrar una respuesta. Lejos de censurarlo, Dios le mostró el camino a Job para encontrar la verdad; pero eso solamente se pudo dar a través del desahogo de lo que había en su mente y corazón.

¿Piensas que Dios te ha abandonado? ¿Que no te ama? ¿Que es injusto? ¿Que no es digno de confianza? No te lo guardes: exprésaselo. No hay enojo o amargura tan grande que no se puedan diluir en el infinito mar de su amor. Al ser expresivo con Dios estarás construyendo una intimidad más grande, y aprenderás a conocerlo mejor. Tenemos la libertad de acudir a El en la hora de la necesidad (Hebreos 4:15-16) con la certeza que encontraremos la guía que nos hace falta para volver al camino.

Para reflexionar:

  • ¿Qué te gustaría decirle a Dios en estos momentos y que has tenido miedo de decirle?

febrero 18, 2011 at 7:23 pm Deja un comentario


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